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¿Puedo cambiarlo en 5 minutos?

Si la respuesta a esa pregunta es no, te aconsejo que cierres el boquino antes de que metas las paturrinas.

Me toca soberanamente las gónadas la emisión de juicios a la balalá (Pelayo* tkm). 

Qué necesidad tendremos de estar todo el santo día pendiente del de al lado, de decir cosas feas sobre otros (o bonitas, ojo que hay que saber leer a la gente aunque vamos a dar por hecho que los comentarios positivos siempre serán mejor recibidos).

Es que no le veo el sentido… Muchas veces lo hablo con mi hermana y con Ángela, emitimos cientos de juicios a lo largo del día sobre un sinfín de cuestiones sobre las que probablemente no tengamos ni puñetera idea. Y resulta que el 90% de esos juicios nos los podríamos ahorrar porque conllevan un total de 0 unidades de utilidad.

Párate a pensar en el impacto de tus palabras sobre la persona a quien se las dices y sobre ti mismo. ¿Realmente tus palabras han sido amables, asertivas y relevantes? Ya te hago yo un spoiler: no. Al menos no todas. 

Creo que esto de emitir juicios sobre la gente está directamente relacionado con la relación que tenemos con nosotros mismos (próximamente en la sección de @LaMeri: ‘Sé amable contigo mismo’). La falta de autoestima, la soberbia, la prepotencia, el egoísmo, la intransigencia, la falta de autocrítica y la falta de empatía son la causa del 90% de conflictos que se generan a mi alrededor. Cero dudas, muchas pruebas. 

A ver si me explico bien tirando de ejemplos (que son muy ilustrativos): 

Tenemos a María una chica de 26 años que siempre ha sido gorda, entrena fuerza, lleva una dieta equilibrada, tiene problemas de salud que afectan al peso. 

María queda con una amiga que hace 5 años que no ve. Paca la llamaremos. En cuanto se ven el primer comentario que suelta Paca es “Jo tía, ¿has engordado? Te veo como más fuerte”.  Baia Paca, yes tu una monstrua, mastodonte, crack, fiera, lince, tigre de Sumatra. 

Y es aquí, queridos amigos, donde la Inteligencia Emocional juega un papel fundamental en ambas direcciones. Primero vamos con las opciones que tiene María:

    • Opción A. Comprender que el comentario de Paca, aunque desafortunado, no ha sido con mala intención. Respira, asimila y responde de forma educada y trate de explicarle a Paca que el comentario le ha molestado y le cuente los problemas que tiene. 
    • Opción B. (Créeme que la más fácil) Soltar un comentario sarcástico e hiriente que probablemente termine en una medio pelea y haciendo sentir a Paca el peor ser humano sobre la Tierra.

Como María ha optado por la decisión adecuada (la primera por si cabe alguna duda), procede a explicarle a Paca todo lo que ha pasado en estos 5 años. 

Y, una vez más, aquí es donde Paca puede:

    • Opción A:  Continuar la noche con comentarios desafortunados sobre si la elección de la bebida es ‘adecuada para un día especial’, si ha comido o no suficiente, el ‘por un día no pasa nada’… Es decir, hace caso omiso de cómo María se siente y cómo se puede sentir después de todo lo que le ha contado.
    • Opción B. Paca, que hace uso de su empatía, considera que sus comentarios han estado fuera de lugar, se disculpa por si le ha molestado el comentario y se da cuenta de que son comentarios totalmente irrelevantes que pueden hacer pupita. Decide disculparse, hará el esfuerzo de meterse la lengüina en el ojete (perdón mamá por ser tan grosera)

Creo que está claro, ¿no? Para empezar no siempre estamos de buen humor y gozando de una autoestima radiante, por lo que cualquier comentario ya sea positivo o negativo, puede afectarnos y puede hundirnos en la más absoluta mierda. Está claro que no somos brujos y brujas con una bola de cristal donde poder ver el estado de ánimo de las personas, pero sí podemos ser empáticos y desarrollar nuestra Inteligencia Emocional para ver si a las personas les duelen nuestras palabras. 

Quiero decir, comentarios desafortunados tenemos todos, pero si nos dedicamos a tener el boquino cerrado y a leer un poquito a las personas, te aseguro que el 90% de las meteduras de pata del día a día se reducirían a un 50-60%. 

Pero ojo, que no estoy hablando solo de la persona que lanza el comentario, no. También el que lo recibe tiene que identificar la finalidad del comentario y, aunque pueda doler, muchas veces hay que hacer caso omiso de lo que dice el vecino… Quiero decir, igual que soltamos comentarios que pueden ofender, también hay gente que piensa que el mundo está en su contra y que todo se lo toman como ataques personales y no mi vida, eso tampoco. 

Y esto te lo dice María, pero la María que ha escrito este post que en muchos momentos de su vida ha hecho comentarios desafortunados (cada vez menos porque trato de cerrar la boca) y si los hago, trato de remediarlo. Y también te lo dice la María que ha recibido comentarios tanto buenos como malos y durante muuuuchos años, daba igual de quién viniera o la finalidad del comentario, el consejo o lo que fuere, siempre se lo tomaba a malas (also known as estar a la defensiva)

Y recuerda, como hablas al resto repercute en ti mismo. Sé un reflejo de cómo quieres tratarte. Trata al mundo con más amabilidad, menos odio y rencor y ya verás como, al final, te conviertes en una mejor persona.

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